Todos hemos sentido solidaridad por Juan Manuel Márquez, es el sentido de pertenencia, de identidad, de representatividad, los que nos unen al talentoso y valiente boxeador.
Y no hay polémica alguna que quepa en la discusión; conocedores y aficionados sociales vimos en plenitud la estrategia desarrollada por ese genio del cuadrilátero que se llama Ignacio Beristáin, y la ejecución de ajedrecista caro que ejecutó Márquez.
Juanma sacaba en contragolpe, la mejor parte del acercamiento de cuerpos, caras y golpes.
Concentrado como en examen profesional, Márquez midió con todas sus neuronas cada movimiento propio y los del filipino; supo manejar el tiempo y la técnica a su favor.
Cuando el combate envejecía, Pacquiao quiso remontar y fue evidente su ansiedad y lo preparado que estaba Juanma para no permitir que lo sorprendieran al final, aunque fue ciertamente cuando el campeón logró enseñar sus mejores armas, insuficientes por cierto, para estar a la altura de su enorme prestigio como aniquilador de mexicanos.
Yo sí creo que Márquez debiera buscar y querer el desquite.
Más allá de que el boxeo y muchos de sus componentes se empeñan, -y lo del sábado fue sublime-, en perder credibilidad, coincido con el manager Beristáin, Márquez es un ejemplo que a los 38 años todavía podría engrandecer su legado.
No es fácil, claro está, pedirle que se vuelva a preparar para Pacquiao y sus mafiosos cómplices, pero la satisfacción de volverlos a ver arriba del ring, y ganar pese a todas las adversidades, también seduce y Juanma lo sabe.
Pacquiao tendría ahora la presión en contra, aunque seguro se prepararía como nunca.
Yo sí me froto las manos por la cuarta.
Y los caciques del box tendrían que hacer todo lo que esté a su alcance por organizarla, digo, si es que les queda un céntimo de vergüenza.
Ok, lo reconozco, es mucho pedir.

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